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¿CÓMO SERÁN LOS PRÓXIMOS ENVASES ALIMENTICIOS?

¿CÓMO SERÁN LOS PRÓXIMOS ENVASES ALIMENTICIOS?
Publicado por el Sunday, 20 April 2003

Por: © Dra. Cristina Ventura Esteban
Profesora de envase y embalaje
Universidad Cardenal Herrera-CEU
cventura@uch.ceu.es

Es bien sabido que este sector industrial se compone de una serie de actividades muy diversas que van desde los procesos de fabricación hasta los sistemas de valorización y reciclado, pasando por maquinaria, ergonomía, marketing, diseño…

Una característica destacable para este sector se halla en los datos de comercialización geográfica, ya que un 53,2% de la producción de envases y embalajes van dirigidos a mercados locales y de la misma Comunidad Autónoma donde fueron realizados; un 35% van a Comunidades Autónomas fuera del lugar de producción (mercado nacional) y 12% de la misma se destina a mercados exteriores. Estos datos que confirman una producción eminentemente destinada a un cliente nacional son muy significativos ya que hacen del envase un elemento adaptado a las necesidades del consumo nacional.

 Otro  dato que, con diferencia, enmarca la situación industrial de este sector es el destino de la producción dirigida al sector de la alimentación, y a sectores afines, que son, a su vez, los mayores consumidores de envases (alrededor de un 80% de la producción total). A nivel europeo, el sector es uno de los más importantes en cuanto a valor añadido, aunque coexisten dos facetas bien diferenciadas: por un lado la industria, caracterizada por la fragmentación (donde el 90% de las empresas tiene menos de 20 empleados) y por otro, la concentración, que convierten a España e Italia en los dos países con mayor relevancia en los productos frescos y mínimamente procesados.

A la vista de estas cifras expuestas nos encontramos con que el  sector de envases y embalajes para productos alimenticios es uno de los sectores económicos más importantes del mercado español.

Por este motivo no debemos perder la oportunidad de realizar estudios sobre tendencias que respondan a preguntas como: ¿cuáles serán los motores de cambio para diseñar los envases del mañana?, y, en ese caso, ¿qué cambios van a producirse en función de las nuevas exigencias de consumo?.  Adelantarnos al futuro supone realizar una inversión segura y, del mismo modo, adecuar el diseño del envase a estos nuevos factores será, sin duda, un factor de éxito a la hora de lanzar un nuevo producto al mercado. De esta forma podremos dibujar las líneas de evolución de un sector primordial para la economía española, facilitando a las empresas la información necesaria para invertir en nuevas tecnologías  y desarrollar nuevos productos adaptados a un público cambiante y heterogéneo.

 Este tema tiene un carácter fundamentalmente dirigido a las tendencias que se derivan de los cambios en los hábitos de consumo que se están produciendo en nuestro país.

  • Un consumidor con poco tiempo

Paradójicamente, por lo general, existe falta de tiempo, a pesar de que la tecnología tiende a dejar más tiempo libre a los consumidores. El tiempo, o mejor, la carencia de él, será el peor enemigo de los consumidores y al mismo tiempo, el mejor aliado de la industria de la alimentación a partir del 2005, ya que aunque la mujer (que hasta ahora es la que realiza mayoritariamente las tareas de la compra) estará más informada, tomará más decisiones y tendrá más poder; por contra también estará más inquieta y considerará una perdida de tiempo realizar la compra.
Esta mujer demanda una oferta variada de alimentos y a bajo coste, y no renunciará a ingerir productos saludables. Este estereotipo de consumidor estresado y con falta de tiempo tiene una creciente propensión a cambiar, experimentar y escoger cosas nuevas, lo que comporta una cierta infidelidad a las marcas de siempre, e incluso, a las tiendas de siempre.
Las mujeres estresadas muestran una creciente tendencia a permitir que sus hijos tomen decisiones acerca de qué comprar (cinco veces más que las mujeres relajadas).  Con su conducta, les dejan la iniciativa de escoger cosas nuevas, aunque tan siquiera ellas tienen tiempo de experimentarlas y de serles fieles. Puede que tengan unas costumbres tradicionales, pero comprarán nuevos productos que requieran poco empleo de tiempo en la cocina.

  • Otra característica que se muestra interesante es la innovación.

Los hogares de gente joven y los económicamente acomodados, prescindiendo de la edad, muestran mucho interés por los nuevos productos.

La aparición de grandes cantidades de marcas líderes automáticamente trae consigo el consumo de nuevos productos. Esto explica por qué gente mayor viviendo sin agobios económicos se encuentra también entre los grandes consumidores de semejantes productos.

  • Demanda creciente de alimentos procesados

Como consecuencia del modelo de vida que se está produciendo en nuestro país  debido a la falta de tiempo, el menor interés por la preparación de alimentos, y el mayor número de familias con sólo uno o dos miembros y que además trabajan fuera del hogar, ha originado una demanda creciente de alimentos mínimamente procesados que conserven sus características originales desarrollando y aplicando nuevas tecnologías de conservación, envasado y procesado de alimentos.

Esta tendencia dirigida especialmente a satisfacer las necesidades de este tipo de consumidor llevará consigo  el diseño de  nuevos envases, con la utilización de nuevos materiales y tecnologías aplicados a productos tradicionales.

Además habrá que añadir mejores presentaciones del producto; una disminución de las porciones de consumo envasadas; la proliferación de envases alimenticios con cierres multiusos y con capacidad de abrir y cerrar el envase hasta que el producto esté totalmente consumido; nuevos diseños en envases transparentes  que reduzcan el peso del material y aseguren la inviolabilidad; utilización de envases activos o inteligentes, es decir, envases que aprovechen las posibles interacciones entre el envase, el alimento y el entorno con la finalidad de mejorar las condiciones de salubridad y aumentar la vida útil del producto.

Cambiará el concepto de lo que es natural. Los alimentos precocinados serán plenamente aceptados, con el convencimiento de que han sido preparados a partir de productos naturales reconocibles e identificables. Habrá un incremento en la demanda de productos frescos. Esta afirmación no debe entenderse como referida únicamente a los productos verdes traídos del campo sino también para aquel producto que tiene una fecha óptima para ser consumido, si es un producto fresco, refrigerado, congelado o precocinado de alguna forma. Lo fresco no debe ser visto automáticamente como lo opuesto a lo envasado sino que expresa la idea de algo que ha sido idóneamente procesado. 

  • Habrá una mayor demanda de productos “verdes”, pero no sólo de productos ecológicos.

Aunque la demanda de productos verdes está creciendo, es inverosímil pensar que vaya a difundirse este estilo de vida.  Debe verse como un  esencial pero no exclusivo elemento de la dieta de las personas.Los alimentos vistos como más beneficiosos para la salud incluyen la fruta, los vegetales, el aceite de oliva y las carnes blancasEste enunciado incluye también productos naturales de la tierra y del mar, bajos en grasas y a precios asequibles. Además, existirá un creciente consumo de productos dietéticos, de adelgazamiento, de productos ricos en fibras y bajos en colesterol. Por el contrario, los alimentos vistos como los más nocivos son los bocadillos y las hamburguesas. El hábito de los congelados acabará con la necesidad de cocinar cada día. El hábito de cocinar y congelar, unido a la compra de más y más productos congelados, pondrá fin a la necesidad de cocinar diariamente.

  • Auge de la alimentación funcional

Además del concepto de “natural” proliferará el concepto de alimentación funcional, es decir, aquella que causa un efecto adicional en el consumidor, además de nutricional, con efecto selectivo sobre una o varias funciones del organismo y cuyos efectos se atribuyen al concepto de saludable.

Este tipo de alimentos estará dirigido a diferentes grupos de consumidores y, por lo tanto, requerirán de una información especifica que hará cambiar el diseño de las etiquetas. Los sistemas de trazabilidad se usarán para lograr una identificación exacta del producto, de esta manera los consumidores podrán determinar quién, cómo, dónde y cuándo se ha producido el alimento que va a consumir.

A diferencia de lo que ocurre en otros países, la alimentación no está bajo amenaza en el presupuesto de las familias. Esto es así debido a que, por un lado, la proporción de gasto en comida, de acuerdo con los ingresos, está bajando y continuará así hasta alcanzar los niveles generales de vida y, por otro lado, a la continua oferta que sólo la industria de la producción y distribución es capaz de introducir.

Hoy, los consumidores españoles gastan en comida uno de cada cuatro euros que ganan, pero a finales del milenio gastarán uno de cada cinco, y en la tercera década del próximo milenio gastarán uno de cada ocho.  En países con un alto nivel de vida, como los EE UU, el promedio de gasto en comida está alrededor del 10% de los ingresos.

  • Gastos en alimentación

Además, según una encuesta realizada, los gastos que los consumidores recortarían en caso de necesidad serían las diversiones y el comer fuera de casa (18% de los consultados), seguido de las bebidas alcohólicas (15%). 

Reducir el presupuesto para comida sería el último en una lista de 12 conceptos propuestos, entre los que se encuentran vacaciones, vestidos, decoración del hogar y teléfono, en los que sí estarían dispuestos a ahorrar.  Sólo los gastos en farmacia se muestran más estables que los de alimentación.  Cuando los consumidores son preguntados acerca de en qué les gustaría gastar más, la comida pasa  ocupar el quinto lugar.

Casi el 53% del coste de la cesta de la compra lo ocupa la comida envasada, mientras que los alimentos frescos ocupan el 47%. Nuestro gasto en comida se distribuye como sigue: un 19,6% se dedica a la carne; un 15%, a los alimentos secos; 8,7%, a pescado; 7,7%, a fruta; y 6,1 %, a vegetales.

Si se nos pregunta qué hogares gastan más en comida en España deberemos contemplar varias categorías: hogares con niños en edad de escuela primaria (de 5 a 12 años), en los que se gasta un 27,1 % del presupuesto en alimentación, y hogares habitados por adultos de clase más bien confortable cuyo gasto alcanza el 20,4%.  Esta última categoría gasta una tercera parte más que el promedio general. Hogares con niños en edad preescolar (15%) y hogares con adultos de economía normal-baja (12,7%). Estos cuatro grupos suman el 75% de la comida expandida en España.  Excepto los hogares con personas de más de 65 años y muy baja condición económica (11,9%), las restantes capas sociales tienen una muy baja participación en el ranking.  Los hogares que gastan menos en comida son los de jóvenes adultos, parejas jóvenes, desempleados y gente mayor. Estos hogares gastan menos de la mitad del promedio general.

Los alimentos perecederos son los que presentan mayores diferencias, dependiendo del tipo de hogar.  Así, la carne, la fruta, el pescado y los vegetales son los productos que exhiben las variaciones más elevadas en su consumo. Las personas mayores de 65 años y la gente joven (viviendo en su casa) consumen más fruta y vegetales y menos cantidades de carne. Los embutidos y el pan son también consumidos de forma muy desproporcionada entre la gente joven y los mayores.

Los hogares de parejas jóvenes con el ingreso de uno o dos salarios y hogares con personas de más de 65 años pagan precios más elevados, que, en el caso de las parejas jóvenes, pueden llegar hasta el 16% más.  Según los canales de compra se ven afectados los precios, ya que, por ejemplo, las tiendas de alimentación y los mercados cargan entre un 9% y un 3% más, respectivamente, que otros distribuidores al detalle.

Los hogares con niños, con sólo adultos o desempleados, pagan precios más bajos, si bien la diferencia apenas excede del 3%.  Los productos por los que se pagan mayores diferencias de precio son los alimentos secos, las bebidas, los productos lácteos, así como la carne y las frutas, entre los perecederos.

A escala nacional se considera la posibilidad de explotación de productos tradicionales debido a la tradición culinaria existente. El mercado está sin explotar y en este caso se trata de una innovación dirigida al diseño más que a la innovación tecnológica. 

  • Nuevos hábitos de consumo de las personas mayores

Mientras que las tendencias en el diseño de envases son  las que reclama el consumidor actual, no podemos eludir una referencia obligada a un nuevo escenario social que durante los primeros años del siglo XXI aportará una novedad en los hábitos de  consumo. Sin duda nos referimos al incremento de la esperanza de vida entra la población, y es por ello que hemos de detenernos en este segmento como potenciales consumidores de alimentos.

 La contracción de las tasas de natalidad y el aumento de la esperanza de vida desplazan el equilibrio demográfico hacia los consumidores mayores. Al principio del siglo XX, la población de 65 años sumaba en España 968.000 personas. Con el comienzo del nuevo siglo la población mayor se ha multiplicado por siete, 6.700.000 mayores, que representa un 17% del total. Se estima que dentro de veinte años estará en torno al 27%

Según un estudio cualitativo realizado por el Instituto Nacional de Consumo la proporción del gasto total destinado a la alimentación es mayor en los hogares de tercera edad en comparación con el resto. De hecho, puede decirse que las cuotas más altas de los mayores tienen que ver con la alimentación, la salud y el confort

Los mayores tienen unas pautas concretas de consumo, ya que cuidan su capacidad adquisitiva (en ocasiones muy ajustada) y realizan la compra en función de la confianza que le inspiran los productos y los establecimientos, ya que en los envases actuales no disponen de toda la información que necesitan y en ocasiones no pueden acceder a ella. Los productos mayoritariamente consumidos por este sector son los considerados frescos (carnes, pescado, leche queso y huevos), sin embargo no es un mercado homogéneo ya que varía en función de la unidad familiar y del sexo. Se observa que los hombres que viven solos gastan más en alimentos preparados y las mujeres y parejas lo hacen en alimentos frescos.

Las pautas de consumo de los mayores responderán a dos criterios de gran importancia para las personas de edad; por un lado el deseo de mantener la “autonomía”, es decir, mantener la capacidad de no depender de otras personas para desempeñar sus actividades de la vida cotidiana y por otro la “integración”, es decir, poder permanecer en su casa o en el entorno donde están arraigados.

Hoy en día, existe una gran contradicción en nuestra sociedad; nunca antes en los países industriales avanzados había existido tal grado de bienestar material, de posibilidades de consumo y de apoyos sociales generadores de seguridad para sectores tan amplios de la población. Nunca antes habían existido, asimismo, niveles semejantes de formación y cualificación y de preparación cultural de amplias mayorías. Y nunca antes habían existido niveles como los actuales de atención de salud y recursos sanitarios, que garantizan grandes posibilidades de llegar a edades avanzadas conservando la salud. Bien podría decirse de todo esto que es progreso. Simultáneamente, sin embargo, no se constata una satisfacción generalizada, más bien lo contrario proliferan los miedos a potenciales amenazas y al futuro. Qué gran responsabilidad para los envases alimenticios.  ¿Seremos capaces de proponer soluciones para respetar estas pautas de consumo de nuestros mayores? ¿Seremos capaces de diseñar envases “asistidos” que respondan a las necesidades perceptivas de estos consumidores? ¿Podremos adaptar los sistemas de apertura, cierre y dosificación a los requisitos ergonómicos de estos consumidores potenciales? ¿Estaremos en condiciones de mantener el nivel de “confort” que merece nuestro nuevo consumidor?

Estamos ante un tema muy generalista, que se centra fundamentalmente en nuevos diseños de envases, incluyendo tanto materiales como tecnología y sobre todo con un gran componente social. La innovación en el diseño de envases no ha de satisfacer sólo a la industria, sino que ha de saber encontrar la aceptación adecuada en el marco del consumidor.

 

En este caso, las tendencias generales en el diseño de envases coinciden con las del sector industrial: ahorro de espacio, facilidad de valorización, envases adaptados a la comida rápida precocinada, envases activos, nuevas unidades de dosificación, nuevos sistemas de apertura/cierre… Sin embargo la introducción de estas novedades habrá de ir ligada a una buena relación simbólica con el consumidor, de un buen valor añadido, de una buena calidad y confort.

El diseño del envase ha de mostrar las ventajas que van a repercutir en el consumidor final.

Por: © Dra. Cristina Ventura Esteban
Profesora de envase y embalaje
Universidad Cardenal Herrera-CEU
cventura@uch.ceu.es

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